Cuando una persona fallece, sus bienes, derechos y deudas no desaparecen: se transmiten a sus herederos. En ese momento, entra en juego una decisión fundamental que puede tener importantes consecuencias legales y económicas: la aceptación y renuncia de herencia.
La aceptación y renuncia de herencia son dos respuestas jurídicas distintas ante una sucesión. Aceptar implica asumir tanto los activos como las deudas del fallecido. Renunciar, en cambio, es rechazar la herencia en su totalidad, sin asumir ninguna obligación ni beneficio derivado de ella.
¿Qué implica aceptar una herencia?
Cuando se realiza la aceptación de la herencia, el heredero entra legalmente en la posición del fallecido. Puede acceder a sus bienes, propiedades, cuentas bancarias o participaciones, pero también se hace responsable de sus deudas. Por ello, es importante valorar si conviene realizar una aceptación pura y simple o una aceptación a beneficio de inventario (que protege el patrimonio del heredero frente a deudas superiores al valor de lo heredado).
¿Y si prefiero renunciar?
La renuncia de herencia es un derecho del heredero y debe hacerse ante notario o por vía judicial. Es habitual cuando existen deudas superiores a los bienes o si el heredero no desea complicaciones legales. Una vez renunciada, no se puede revertir, y la herencia pasa al siguiente llamado en la línea sucesoria.
¿Cómo saber qué opción es la mejor?
Antes de tomar una decisión sobre la aceptación y renuncia de herencia, es recomendable analizar cuidadosamente el patrimonio del fallecido. Un abogado especializado puede ayudarte a valorar los riesgos y tramitar cualquier opción dentro del plazo legal.
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